lunes, julio 16, 2007

extrañar, o que te extrañen?


Desde un tiempo a esta parte ha aparecido un comercial de cierta marca de café, en la que se intenta demostrar que los buenos momentos para una pareja están finalmente ligados a una taza de café. El comercial se presenta, para quienes no lo conocen, haciendo una serie de preguntas; estas van surgiendo a raíz de diversas situaciones que le ocurren a diferentes parejas, como por ejemplo aparece una pareja que se besa y una voz en off femenina nos pregunta: ¿qué es mejor: tomar la iniciativa…? Para posteriormente surgir una voz masculina que nos dice: ¿…o dejarte llevar? El objetivo de la publicidad, como he dicho, es vincular al café con momentos de pareja, mostrándonos una serie de circunstancias agradables cuando se está enamorado para convencernos de que un buen café podría ayudar en estos momentos


Pero el objetivo de esta reflexión no es evaluar si el comercial dice la verdad con respecto a la dualidad buen momento-café, sino que quiero centrarme en un momento del comercial que no dura más de 10 segundos, pero que resultó muy significativo para mí.

Una nueva voz en off nos pregunta si es mejor cuando extrañamos o cuando nos extrañan, y en la escena un hombre que se baja de un tren con gestos de buscar a alguien para luego aparecer una mujer que corre y lo abraza siendo evidente el estado de compromiso entre ellos.

Lo que me resultó bastante perturbador fue la pregunta que se nos hace como espectadores. En este último tiempo he tenido que aprender a extrañar cada semana a alguien importantísimo en mi vida, quien por motivos que escapan a nuestro control, debe viajar cada semana, regresar únicamente por un par de días y luego volver a partir. Es éste hecho lo que me ha hecho a lo largo del tiempo fortalecer mi paciencia, calmar mis ansias y aceptar que a veces las circunstancias no son siempre las más cómodas. Pero creo que cuando tienes conocimiento de que una situación que no te es agradable y tratas todos los días de no pensar en ello, de ver las cosas de una manera más positiva, es chocante que de un instante a otro te restrieguen en la cara esta situación desasgradable. Lo digo porque fue lo que me pasó cuando vi esos 10 segundos del comercial.

Luchar a diario con una realidad que no te es grata es difícil, pero lo es más cuando hay situaciones que te lo recuerdan. No pasa por un tema del comercial, evidentemente esa no era la intención, sino que pasa, por ejemplo, cuando vez a parejas felices que pueden caminar juntos de la mano cuando lo deseen, que un beso de buenas noches no es por teléfono, e incluso, que tienen el tiempo para discutir sus problemas.

La pregunta del comercial resultó ser una gota más que se cayó del vaso, una de las tantas anteriores que ya han caído. No recuerdo cual ni cuando fue que se rebalsó, porque aun cuando el vaso ya esté lleno, qué puedo hacer. Las circunstancias de mi relación son así y deberé seguir cultivando mi paciencia y mi tolerancia. Seguramente aparecerán otros comerciales perturbadores, veré más parejas de la mano y seguiré diciendo buenas noches por teléfono; pero aún cuando a veces proteste y haga algunas cosas sin pensar, como auto secuestrarme, fue el camino que elegí.

Sólo tengo una cosa más que agregar. A la pregunta de que si es mejor extrañar o que te extrañen, ya tengo mi respuesta: es mucho mejor no tener que hacerlo.

miércoles, marzo 28, 2007

Historia de un viaje


Hora de salida: 16:45
Asiento 22

Tomo mi lugar y miro por la ventana. Está lleno de personas con maletas, bolsos, mochilas, bolsas, cajas, etc. Todo tipo de equipajes…viajarán al igual que yo.

Miro con mayor detención y me percato de los que llamaré “quedantes”, aquellas personas que llegan a despedirse, a desear buen viaje, o que esperan a alguien que ya emprendió un viaje en otro lado y lo finaliza aquí. En definitiva, son quienes se despiden o esperan a alguien. Son los que se quedan.

A mi lado no se ha sentado nadie aún; es probable que viaje sin compañía. No me molesta de ninguna forma, considero los viajes como un momento en que puedes reflexionar de muchas cosas y me resultan molestas las interrupciones cuando puedo pensar tranquilamente.

El bus parte. Mis expectativas con respecto al viaje no son muchas, sólo tengo ansias de llegar a mi destino.

Viajar es una forma reducida de la vida. Muchos dicen que la vida es el gran viaje; concuerdo plenamente con eso. Cuando subo al autobús es como nacer: me espera un largo camino que, aunque espero sea tranquilo y como lo he programado, puede que ocurran muchas cosas que escapen a mi control. Pienso que la llegada al destino, sin embargo, no es como la muerte; en el caso del arribo comienza una nueva travesía de la cual yo tengo pleno conocimiento o una idea bastante aproximada al menos, y es ésta idea que se tiene de lo que vendrá, lo que no se asemeja a la muerte.

Sigo mirando por la ventana. Pienso muchas cosas y en ocasiones admiro el paisaje. Me gusta mucho contemplar el verdor que sólo en el sur adquiere el pasto gracias a la lluvia impetuosa, que no diferencia ni a hombres, ni a animales, ni a plantas: cae sobre todos por igual.

Nadie se sentó junto a mí, me agrada esta soledad regalada. En la vida cotidiana no tenemos muchos momentos en los que pudiéramos reflexionar y sentarnos a pensar en las cosas simples o complicadas de la vida. Cada momento es necesariamente aprovechado al máximo, no nos permitimos momentos en los que creemos no hacemos nada, sin embargo no nos damos cuenta de lo equivocados que estamos. Aun en estos momentos, estamos haciendo algo: respiramos, vivimos. Nada productivo dirán ustedes, pero qué más productivo que meditar acerca de lo que hemos construido, por ejemplo, en nuestras vidas, o especular sobre lo que vendrá para nosotros. Estos momentos de reflexión son necesarios para toda vida.

El calor agradable y el movimiento casi imperceptible del autobús me relajan. Dormir un momento pudiera ser una posibilidad, pero al mirar por la ventana comienzo a ver grupos de casas no muy separados. Comienza la zona urbana, me acerco a mi destino.

Noto que ha crecido desde la última vez que vine. Muchas cosas están irreconocibles o no forman parte de mis recuerdos simplemente. Es una ciudad que ha crecido desde la última vez que nos topamos, igual que yo.

Llego al Terminal de buses. Diviso a los “quedantes” con su trajín habitual: muchos se pasean impacientes, otros fuman, otros lloran, otros se abrazan con los que llegan o se van y hay algunos que agitan sus brazos en señal de despedida para alguien que sólo sus ojos ven.

Ya es hora de bajarse. Me paro. Saco mi bolso de la parte superior de mi asiento. Camino por el pasillo. Me bajo del autobús. Camino. Abrazo a mi “quedante”. Llegué a mi destino.

miércoles, marzo 07, 2007

Quitarle un dulce a un niño...

¿Hay algo más cruel quitarle un dulce a un niño? No hablo de que sea cruel el sólo arrebatárselo, sino el hecho de que en algún momento le dimos ese caramelo, lo dejamos disfrutarlo, pasar un momento agradable, y dependiendo de cómo ese niño coma su caramelo lo dejamos tenerlo por algún tiempo.

Pero llega el momento en que se lo arrebatamos, le quitamos ese momento de felicidad y de goce que en otro le brindamos. ¿A quién dañaba con disfrutar su dulce? Era feliz con su caramelo; podía hacer lo que quisiera con él, hasta un buen compañero de juegos podía resultar si los dejábamos el tiempo suficiente.

Pero no lo permitimos: alegamos que no es bueno para su dentadura o que podría manchar su ropa y finalmente conseguimos que por un momento fuera el niño más feliz del mundo y de un instante a otro se transforme en el niño más desdichado.

Algo similar me ocurre ahora…me siento como a una niña a la que se le quita una golosina. Por un momento se me dio un caramelo, el caramelo más dulce que se pueda tener, uno que prometía durar cuanto yo quisiera y que no importaba si llegaba a morderlo porque iba a estar ahí de todas formas. Un caramelo exquisito que estaba dispuesta a hacer durar todo cuanto pudiera. Pero me lo quitaron; no fue que no quisiera más o que se me cayera o que lo dejara olvidado en alguna parte, es sólo que mi dulce se tuvo que ir…las circunstancias me lo quitaron, y aún cuando yo sabía que ese momento iba a llegar, me negué a pensar siquiera en la posibilidad, no quería quedarme sólo con el sabor dulce en la boca, quería mi caramelo siempre conmigo, desde que me levantara hasta que me acostara…pero no se pudo, aún cuando lo desee con todas mis fuerzas mi dulce tuvo que partir.

Aunque prometió volver. No sé cuando podrá ser eso. Espero que sea lo antes posible y que no tenga que irse más. Pero sé que no será así: volverá para poder disfrutarlo una vez más, el suficiente tiempo como para dejarme nuevamente el sabor dulce en la boca. Ahora sólo espero que este sabor dure lo bastante como para aguantar hasta la próxima vez que las circunstancias decidan devolverme mi dulce y ser de nuevo una niña feliz con su caramelo.

miércoles, febrero 14, 2007

Amor...


Se que escribí no hace mucho una entrada con respecto a este mismo tema, pero se debe a que en estos días, es un sentimiento que me ronda.

Para cada uno de nosotros es algo diferente; para algunos tiene que ver con una pasión: el amor a las artes por ejemplo, para otros tiene que ver más con una idealización, generalmente de la persona que creemos nos provoca el sentimiento, y otras veces tiene que ver con obsesiones y sufrimiento, como lo que sucede con los amores platónicos.

Para mi tiene que ver con muchas cosas: besos, cariños, miradas, abrazos, preguntas y respuestas, preguntas sin respuestas, silencios y bullicios, cigarrillos, cerveza, baile, momentos de soledad, momentos de multitud, exposiciones, plazas, bancas y sillones, talvez un puff, calle, pasto, árboles, flores, pizza, helados, bebidas, otro cigarrillo, y hasta unas frambuesas.

Un bus de ida…una espera…un bus de regreso.

Es impresionante lo que una sola persona puede provocar en nosotros, y a la vez lo que nosotros mismos somos capaces de provocar sin siquiera proponérnoslo. Muchas veces puede que no creamos que tenemos la habilidad de hacer tanto en una persona; pude ser que pensemos que nos están subestimando, o que nunca antes vimos que provocábamos tales sensaciones, el punto es que llega un momento en que lo notamos, no porque lo notemos en el ser que tenemos enfrente, sino porque nosotros mismos nos descubrimos sintiendo tales cosas, nos encontramos de repente con mariposas en el estomago o con los ojos brillosos al escuchar sólo un te amo. Es increíble lo que cosas tan sencillas y que a diario pasamos por alto pueden hacer feliz a alguien y a nosotros también.

Ahora me doy cuenta de que el amor es una cuestión reciproca entre dos personas: nos provoca sentimientos que nosotros mismos hacemos sentir, momentos que recordamos y que resultan especiales porque hay alguien especial que está incluido en ellos, pensamientos que vienen nuestras mentes porque segundos antes nos encontrábamos pensando en ese alguien y es altamente probable que en algún minuto del mismo día ese alguien nos estuviera pensando…en fin, netamente es una cuestión de a dos y que no involucra nada más que sentimientos, momentos y pensamientos.

viernes, febrero 09, 2007

Mirar hacia atras


...a lo pasado, pisado.

Talvez en algun momento mi posición frente a lo pasado fue esa.


Las cosas que nos van ocurriendo a lo largo de nuestras vidas van constituyendo la base de muchas cosas en futuros cercanos y lejanos y por tanto, aunque no queramos en ocasiones, forman parte de nuestras decisiones y de las consecuencias de éstas.


Soy una persona que cree en la voluntad del hombre, tanto en una constructiva como en una destructiva, la intención de ésta no está en juicio, es el caracter volitivo del hombre en lo que creo. Por esto es que pienso que las decisiones que tomamos, que responden netamente a nuestra voluntad de hacer cosas, tienen mucho que ver con nuestras experiencias que se construyen en base a nuestro pasado, a lo vivido, a lo que en algún momento anhelamos, a lo que quisimos, en fin, a muchas cosas que a medida que avanzamos por el camino que se nos da nos van haciendo la ruta más fácil o más difícil.


Nuestro pasado no vuelve a cobrarnos deudas, a abrirnos viejas heridas, o a recordarnos sucesos que habiamos olvidado, simplemente sentimos que vuelve porque nosotros mismos lo hacemos volver: en cada persona que rencontramos, en cada acción que repetimos y hasta en las decisiones que tomamos que, según nosotros, son para nuestro futuro.


El pobre pasado está muy desprestigiado; muchas veces no consideramos que es gracias a él que hoy somos quienes somos. Nuestras equivocaciones nos han hecho crecer, puesto que hubimos de tomar una perspectiva exterior para darnos cuenta de que en ese momento presente, lo que pensabamos estaba bien, en realidad no lo estaba. Sin embargo, sin ese proceso no podriamos disfrutar hoy de lo que tenemos. hubimos de tener momentos de tormenta para disfrutar hoy de bellos cielos, y si para algunos su pasado es tormentoso, no hay que culparlo; el ideal es pensar que gracias a la lluvia derramada, el arcoiris de hoy luce mejor.


sábado, febrero 03, 2007

¿Alguna vez te haz enamorado?


En realidad no lo había pensado: ¿me habré enamorado efectivamente en algún momento? ¿Cómo lo averiguo? No creo que exista algo parecido a un manual o un librito de instrucciones que se titule: Dese cuenta si esta enamorado en 5 sencillos pasos; tampoco tengo ganas de agarrar una revista de adolescentes y realizar un test hecho por una cuarentona soltera que todavía vive con sus padres y que, evidentemente, de enamorarse no entiende mucho.

He pensado en cuales podrían ser los 5 fáciles pasos, o tal vez son más, o son menos, no tengo idea, y por más que le doy vueltas se me ocurren sólo cosas como que estas enamorado si te brillan los ojos cuando miras a ese alguien, o si se te corta la respiración cuando lo abrazas, o que te pones nerviosa y se te aprieta el estomago cuando sabes que lo vas a ver…sólo se me ocurren cosas así: clichés que resultan fastidiosos en algunas ocasiones pero bastante útiles si eres algún compositor y tus clientes son Chayane o Cristian Castro (que me disculpen los fans pero son un melodrama hecho canción).

Mi punto es que no se me ocurre cual es el detalle que te hace decir un día por la mañana: Oh! estoy enamorada. En realidad lo único que se me ocurre es algo que le dije a alguien por ahí en un rarísimo momento de inspiración: “a veces sientes la imperiosa necesidad de decirle a ese alguien muy especial: te amo, porque si no lo dices pareciera que las palabras se te atragantaran en la boca y garganta y que de un momento a otro se te van a escapar de todas formas, porque es algo tan fuerte que no puedes controlarlo por mucho y acabas diciéndolo”.

Analizando ese precepto creo que es eso bajo lo cual he regido mi vida sentimental, que no es mucha tampoco. Sin embargo a medida que he ido escribiendo esto, he tratado de hacer un examen. Trato de descubrir si en algún momento he sentido esa necesidad de la que yo misma hablo, y creo que lo he hecho, el punto es que no estoy segura de que haya sido por las razones correctas. No quiero desmerecer a nadie porque sería injusto de mi parte, pero esas ganas de decir te amo han ido en aumento con cada relación (por favor que no se me mal entienda, no son tantas).

Si en algún momento pensé en que sería importante decirlo, en otro momento lo sentí, y pensé que ese sería mi tope, pero ahora ni lo pienso ni lo siento, lo creo… y bajo mi punto de vista la Fe vence a un convencimiento fundado únicamente en una lógica secuencial, es decir, somos dos personas, llevamos tiempo juntas, la convivencia es buena, por consiguiente, debemos amarnos. Pero también creo que le gana a una emoción que fue provocada por diversos factores en un contexto determinado y que no fue capaz de perdurar por un tiempo mayor a 3 segundos, que es sólo el mismo tiempo que te demoraste en decirlo. A lo que me refiero es a una sensación completamente diferente; lo sientes y lo piensas al mismo tiempo, sólo sabes que tienes que decirlo, al igual que sabes que es esa persona la que quieres junto a ti cuando despiertes al día siguiente, o cuando sabes que sólo el abrazo de esa persona podrá aliviar la tristeza que sientes, de la misma manera en que algo te dice que tu alegría únicamente puede ser mayor si esa persona esta junto a ti.


Creo que esas son las verdaderas cosas que nos dicen si estamos enamorados o no, pero también creo que nunca habría podido llegar a esas conclusiones si no me estuviera pasando esto ahora mismo.

sábado, enero 20, 2007

Almas gemelas?



Alma: elemento espiritual e inmortal del ser humano capaz de entender, querer y sentir.


Gemelos: cada uno de los hermanos nacidos del mismo parto.

En realidad nunca me había puesto a pensar acerca de lo que significan las almas gemelas; ¿a qué se refiere la gente con esto?


Quise primero averiguar lo que era un alma y por lo visto tiene que ver con lo emocional, con las sensaciones, con lo que nuestro entorno nos provoca. Eso fue fácil. El termino de los gemelos fue más complicado porque tiene que ver únicamente con carne, con materia; entonces, cómo a alguien se le ocurrió formar esta frase con cosas que pertenecen a campos tan diferentes, qué tienen que ver espiritualidad y carne. En este caso evidentemente es el amor el elemento común porque finalmente para eso fue construida la frase, para referirse a dos seres que se aman.
Almas gemelas hace mención a dos personas que se aman y son semejantes, eso está claro, pero qué es primero, ¿el huevo o la gallina?


Son dos personas que se aman y gracias a la convivencia y al mismo sentimiento se van mimetizando en cuanto a gustos, formas de enfrentar los problemas y hasta la opinión. Se van transformando el uno en el otro y viceversa. Pero pudiera ser a la inversa. Estas dos personas, gracias a que un día descubren sus semejanzas, además de que en muchos casos comparten razón y emoción frente a diversas situaciones, se van enamorando, lo que no quiere decir que fuera por un atisbo de egolatría patológica porque se enamoran de un reflejo como Narciso, sino que porque han encontrado un compañero: alguien al que no necesitas pedirle que te escuche porque es él quien te hace hablar de tus conflictos, o alguien al que no necesitas esforzarte por arreglarle el día porque sólo basta con que te vea para que aparezca una sonrisa en su cara, alguien al que no necesitas explicarle nada acerca de un problema porque son tan parecidos que tal vez frente a la misma situación reaccionarían igual, porque finalmente, es tu alma gemela.


Si es la una o la otra, si es cotidianeidad y mimetismo o si es sólo destino no tengo idea, pero espero hacer que más de alguien también se lo cuestione… si me preguntan a mi…me quedo con la segunda.